En el dinámico entorno empresarial actual, la toma de decisiones sobre el crecimiento se ha vuelto cada vez más compleja. Federico Espejo, CFO de Visma Latam, destaca la importancia de esta elección, que va más allá de la mera expansión. Las empresas deben definir su estrategia de crecimiento, ya sea orgánica o inorgánica, lo que establece no solo su dirección, sino también los recursos y competencias que necesitan desarrollar para alcanzar sus objetivos. Esta dicotomía entre el crecimiento orgánico, que se basa en el desarrollo interno, y el crecimiento inorgánico, que implica fusiones y adquisiciones, representa un desafío crucial para los líderes empresariales que desean posicionar a sus compañías en el mercado.
El crecimiento orgánico, según Espejo, se enfoca en la optimización de los recursos internos de la empresa. Las estrategias pueden incluir la diversificación de productos, la expansión geográfica y el fortalecimiento de las capacidades de marketing. Este enfoque es, por lo general, percibido como menos arriesgado y más sustentable a largo plazo. Sin embargo, la implementación de un crecimiento orgánico efectivo requiere tiempo y un compromiso constante con la mejora, lo cual puede limitar la velocidad de expansión de la empresa en un mercado que evoluciona rápidamente.
Por otro lado, el crecimiento inorgánico ofrece un camino más rápido hacia la expansión, permitiendo a las empresas acceder a nuevos mercados a través de fusiones y adquisiciones. Esta estrategia es particularmente atractiva en industrias donde la innovación es esencial y la competencia es feroz. Sin embargo, Espejo advierte que la integración de diferentes culturas corporativas y sistemas operacionales puede resultar un reto significativo. La inversión inicial suele ser considerable, y la verdadera rentabilidad de estas decisiones dependerá de la capacidad de la empresa para generar sinergias y fusionar sus operaciones eficientemente.
El contexto específico de América Latina hace que la decisión sobre el tipo de crecimiento sea aún más crítica. En países como Chile, que cuentan con un marco macroeconómico estable y políticas favorables para la inversión, las empresas tienen a su disposición un entorno propicio tanto para el crecimiento orgánico como inorgánico. Esta región no solo ofrece un mercado saludable para empresas en pleno desarrollo, sino que también se está consolidando como un punto de atracción para las empresas tecnológicas gracias a su ecosistema de innovación vibrante, desde incubadoras hasta fondos de capital de riesgo.
La conclusión es clara: no existe una única estrategia correcta para el crecimiento. Como menciona Espejo, cada empresa debe evaluar su contexto, propósitos y capacidades internas para determinar si eligen un camino orgánico o inorgánico. La clave del éxito radica en mantener una visión estratégica que contemple tanto la expansión como la consolidación y el fortalecimiento de las competencias internas. En definitiva, crecer no solo implica acumular tamaño, sino también construir una identidad sólida y un propósito claro que guíe a la empresa a lo largo del tiempo.








