Durante el trimestre mayo-julio de 2026, Chile experimentó un aumento en su tasa de desocupación, alcanzando un 9,5%, lo que representa un aumento de 0,8 puntos porcentuales en comparación con el mismo periodo del año anterior. Según la Encuesta Nacional de Empleo (ENE), elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), esta alza se atribuye principalmente al incremento de la fuerza de trabajo en un 0,7%, a pesar de que el número de personas ocupadas disminuyó en un 0,2%. Este desfase entre la creciente búsqueda de trabajo y la disminución de empleos disponibles plantea desafíos significativos para el mercado laboral chileno, donde el aumento de la desocupación es una señal alarmante de las tensiones económicas actuales.
El desglose de los datos revela que la tasa de desocupación entre mujeres alcanzó un 10,3%, un incremento del 0,6% en comparación con el año anterior. Este aumento se debe principalmente a un crecimiento del 1,7% en la fuerza de trabajo femenina, que no logró traducirse en aumentos proporcionales en el empleo, ya que la cantidad de mujeres ocupadas creció solo en un 1,0%. Además, el aumento significativo de un 7,6% en el número de mujeres desocupadas, sobre todo por quienes habían sido cesantes, subraya la dificultad que enfrentan las mujeres en el mercado laboral.
En el contexto masculino, la tasa de desocupación se situó en un 8,9%, incrementándose en 1,0 puntos porcentuales en un año. Este aumento está asociado con una inactividad en la variación de la fuerza de trabajo masculina, mientras que el porcentaje de ocupados decreció en un 1,1%. Además, el número de hombres desocupados se incrementó un notorio 12,9%, basado principalmente en la notable proporción de cesantes y aquellos que buscan trabajo por primera vez, lo que sugiere que el mercado laboral masculino también enfrenta serios retos en esta etapa económica.
El análisis sectorial indica que la contracción de la población ocupada fue más pronunciada en los sectores de información y comunicaciones, así como en enseñanza e industria manufacturera, lo que pone de manifiesto las áreas más vulnerables de la economía. Esta disminución en la población ocupada se refleja en una caída del 0,2% en el total de personas ocupadas y una tasa de ocupación informal que, aunque ha aumentado ligeramente al 26,5%, sigue siendo significativa y refleja la precariedad en la disponibilidad de empleos formales.
Por último, el INE ha comenzado a reportar nuevas dimensiones de análisis relacionadas con la duración de la desocupación, alineándose con las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Esta recopilación de datos sobre la duración de la búsqueda activa de empleo, enfocándose en los que han permanecido desocupados durante más de un año, es crucial para entender las dinámicas de la desocupación a largo plazo. Con la inclusión de estos nuevos estadísticos trimestrales y anuales en su boletín, el INE proporciona una herramienta vital para mediante la cual se pueden adoptar políticas más efectivas para enfrentar los desafíos del desempleo en el país.








