Dinero en Efectivo: Clave para la Inclusión Financiera en Chile

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En un contexto donde la digitalización de los pagos parece dominar el panorama económico, el efectivo continúa jugando un rol crucial en la vida diaria de los chilenos. Un reciente estudio del Banco Central evidencia que, a pesar del auge de las billeteras electrónicas y las transferencias inmediatas, el efectivo aún representa el 31% de todas las transacciones en el país, posicionándose como el segundo medio de pago más utilizado después de las tarjetas de débito. Este dato pone de manifiesto la resistencia y preferencia del público hacia el dinero en efectivo, que sigue siendo considerado un pilar de la cotidianidad financiera de los ciudadanos.

La importancia del efectivo va más allá de la mera preferencia; está intrínsecamente ligado a la inclusión financiera. Según el estudio, un asombroso 71% de la población afirma no tener intenciones de dejar de usar efectivo. Esto resulta evidente cuando se observa que el efectivo es el medio de pago predominante en espacios como ferias libres, transporte público, y pequeños comercios de barrio. Esto indica que las personas con menores ingresos, los adultos mayores, y aquellos que operan en la informalidad dependen en gran medida del efectivo para realizar sus transacciones diarias, lo que resalta su función vital en el tejido social y económico de Chile.

Más allá de las dinámicas económicas, también existe un componente emocional significativo en torno al uso del efectivo. Un estudio de Mercado Pago revela que cerca del 40% de los chilenos expresa sentimientos de incertidumbre ante la posibilidad de un futuro sin efectivo. Para muchos, el dinero en efectivo representa no solo un medio de intercambio, sino también un mecanismo de control sobre sus gastos y una protección ante la vulnerabilidad de las plataformas digitales. Esta percepción refleja un deseo de autonomía en un mundo cada vez más dependiente de la tecnología.

Además, el contexto geográfico de Chile, caracterizado por su susceptibilidad a desastres naturales como terremotos e incendios, acentúa la necesidad de mantener el efectivo como un medio de pago esencial. En situaciones de emergencia, cuando los sistemas digitales pueden fallar, el efectivo se convierte en la única forma de pago viable. La incertidumbre que genera la eliminación del dinero en efectivo podría tener consecuencias graves durante crisis prolongadas, donde las plataformas digitales no estén operativas.

El desafío que enfrenta Chile no se centra únicamente en la transición hacia un sistema de pagos digitales, sino en garantizar que este avance sea inclusivo y resiliente. No se trata de elegir entre efectivo y pagos digitales, sino de fomentar un ecosistema que contemple ambos. Mientras el efectivo siga siendo un símbolo de libertad, acceso y seguridad para millones de personas, su eventual desaparición podría crear más confusión que soluciones. Es fundamental que las políticas públicas y las iniciativas de digitalización consideren las realidades sociales y económicas de la población para evitar dejar atrás a quienes dependen del efectivo.