La economía chilena sufrió un revés significativo en julio de 2026, marcando su peor desempeño en más de tres años. Según el informe del Banco Central, el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) cayó un 1,5% en comparación con julio de 2025, una cifra que sorprendió negativamente a analistas y economistas del país. Este descenso no solo refleja la fragilidad de la recuperación económica, sino que también pone de relieve la persisten fragilidad en la demanda interna y en los principales sectores productivos del país, que fueron impactados por diversas circunstancias adversas.
El golpe más fuerte provino del sector minero, que experimentó un descenso del 9,3%, arrastrado principalmente por la producción de cobre. Según los datos, este descalabro se debió a menores leyes del mineral en las principales minas, programaciones de mantenimiento en faenas relevantes y, de manera significativa, a condiciones climáticas adversas que limitaron las operaciones en diversas regiones. La caída fue tan drástica que el sector minero se convirtió en el principal responsable de la contracción de la economía, concluyendo que la dependencia de Chile en la extracción de recursos naturales es un factor crítico que requiere atención inmediata.
La actividad manufacturera también se vio afectada, con una caída del 3,1% en su producción anual, en gran parte atribuida a la reducción en la elaboración de combustibles y productos químicos, deteriorada por las mismas condiciones climáticas adversas que azotaron al país. En contraste, la producción eléctrica mostró un crecimiento del 3,4%, beneficiada por una mayor disponibilidad de agua, lo que sugiere que existen sectores que aún pueden desempeñar papeles positivos en la recuperación económica, pero que son insuficientes para contrarrestar la caída de la minería.
En el sector servicios, se observó una disminución del 0,7%, influenciada por la caída en servicios personales y de transporte, además de las suprimidas actividades en restaurantes y hoteles. Esta baja fue particularmente pronunciada en el ámbito educativo, donde las suspensiones de clases por condiciones climáticas afectaron el normal funcionamiento. Sin embargo, el comercio mostró un ligero crecimiento del 0,7%, gracias al aumento en las ventas del comercio minorista. No obstante, al analizar los datos desestacionalizados, el comercio sufrió una contracción del 1,4% respecto al mes anterior, revelando que las señales de recuperación son, en el mejor de los casos, mixtas.
De cara al futuro, el resultado negativo de julio complica las previsiones de crecimiento del gobierno y plantea desafíos para el Banco Central, que deberá considerar si la contracción justifica un cambio en su política monetaria. Algunas instituciones de análisis, como BICE Inversiones, han ajustado sus proyecciones para 2026 a un rango de crecimiento de entre 0,75% y 1%, marcando una caída significativa respecto a las expectativas iniciales. El mercado estará atento a los datos de agosto, que podrían indicar una recuperación si se normalizan las operaciones mineras; sin embargo, los diversos indicios de debilidad en la demanda interna sugieren que los problemas enfrentados son más amplios que la mera crisis en el sector minero.








