En medio de un panorama incierto para los emprendedores chilenos, un reciente estudio revela que solo el 39 % de la población manifiesta intención de iniciar un negocio, marcando el nivel más bajo desde el año 2010. Este dato preocupante junto con el hecho de que más de la mitad de los puestos de trabajo del país están en riesgo de ser automatizados, establece un alarmante «doble semáforo rojo». Mientras se reduce la creación de valor humano, la amenaza de la automatización se cierne sobre muchas fuentes de empleo, lo que podría profundizar aún más la crisis económica y laboral.
La falta de confianza y de certeza sobre el futuro está impactando especialmente a los profesionales calificados, quienes se sienten frenados ante la idea de emprender. Sin embargo, aferrarse a una visión a corto plazo solo perpetuará la inacción y aumentará el riesgo de una ‘ola’ laboral que arrasará con aquellos que no logren adaptarse. Por lo tanto, es crucial desarrollar una mentalidad innovadora y resiliente que permita a los emprendedores surfear las olas del cambio en lugar de ser arrastrados por ellas.
Desde mi propia experiencia como emprendedor, puedo decir que la automatización de procesos clave fue fundamental para escalar mi emprendimiento sin tener que inflar la nómina de empleados. Esta estrategia no solo optimizó la eficiencia, sino que también permitió aumentar los márgenes de crecimiento de manera sostenible, manteniendo un equipo compacto. Hoy en día, cualquier emprendedor tiene acceso a herramientas tecnológicas que facilitan esta automatización a un costo bastante accesible, lo que cambia las reglas del juego.
Como inversionista, he aprendido a valorar a aquellos fundadores que emprenden por opción y no por desesperación. Esta distinción es crucial, ya que refleja una motivación intrínseca que puede llevar al éxito. Sin embargo, es alarmante que el reciente reporte GEM indique que la principal motivación detrás del deseo de iniciar un negocio sea la falta de empleo, siendo este un fenómeno que afecta especialmente a las mujeres. Esta situación resalta la necesidad urgente de fomentar un ecosistema emprendedor más positivo y proactivo.
La elección es clara: podemos enfrentar el futuro con temor o podemos elegir remar hacia la ola. Yo opto por lo segundo. Es vital que las personas inviertan en capacitación y se atrevan a emprender antes de que el tsunami digital acabe con las oportunidades laborales tradicionales. Promover el emprendimiento como una alternativa viable y respetada nos permitirá no solo adaptarnos, sino florecer en un contexto cada vez más automatizado y competitivo. La clave está en prepararse y aprovechar las oportunidades que la digitalización y la innovación nos ofrecen.








