Santiago, febrero de 2026. En un ambiente de crecimiento económico moderado, el financiamiento se ha vuelto más costoso y la presión sobre el capital de trabajo se ha intensificado, lo que ha llevado a que la liquidez se convierta en una de las principales limitaciones para las empresas chilenas. Según informes del Banco Central, tanto las pequeñas como las medianas empresas han experimentado crecientes tensiones en su flujo de efectivo, durante un periodo en el que los plazos efectivos de pago se han alargado más de lo habitual, superando los 45 o 60 días, a pesar de la implementación de la Ley de Pago a 30 Días. Esta realidad ha evidenciado un desajuste entre las ventas realizadas y la disponibilidad inmediata de recursos, lo que ha impulsado a muchas empresas a recurrir al factoring como una solución estructural para enfrentar este desafío financiero.
El negocio de las pymes presenta un dilema significativo: vender productos o servicios a grandes clientes que, sin embargo, demandan plazos largos para el pago, lo que obliga a estas empresas a financiar estas ventas a crédito. Por ejemplo, si una pyme factura $10 millones con un cliente que paga a 60 días, debe cubrir sus gastos operativos, salarios y obligaciones fiscales durante ese tiempo sin contar con el flujo de efectivo correspondiente. El factoring se presenta como una salvaguarda crucial, permitiendo a estas empresas transformar sus cuentas por cobrar en liquidez rápida y sin necesidad de recurrir a créditos tradicionales, lo que mitiga problemas de efectivo durante las demoras en los pagos.
En contraste con los créditos bancarios, el mecanismo de factoring no se basa en la situación financiera de la empresa que vende, sino en la solvencia del deudor que pagará la factura. Esta característica clave permite a las pymes obtener el efectivo necesario sin ofrecer garantías adicionales o aumentar su carga de deuda. En la práctica, el factoring proporciona un alivio inmediato al flujo de caja de las empresas, convirtiendo facturas ya generadas en dinero disponible, lo que facilita la continuidad operativa y el cumplimiento de obligaciones financieras mientras los clientes conservan sus plazos de pago.
El enfoque contemporáneo del factoring ha llegado a eliminar la necesidad de garantías adicionales, permitiendo a las empresas ajustar su ciclo de caja basado en ventas reales. Desde Chita, se ha optimizado este proceso a través de la digitalización, logrando que la evaluación y aprobación del factoring se complete en unos cinco minutos. Esto no solo simplifica y acelera el proceso, sino que establece una rutina de liquidez constante, permitiendo que las empresas integren esta herramienta como parte de su planificación financiera diaria en lugar de ser un recurso esporádico.
A medida que las empresas enfrentan un entorno en el que los plazos de pago se expanden, el énfasis ha ido más allá de incrementar las ventas, centrándose en cómo mantener la sostenibilidad operativa en medio de las cuentas por cobrar. En este contexto, el factoring ha evolucionado de ser una solución temporal a convertirse en una herramienta estructural invaluable, poniendo a disposición del ecosistema productivo la liquidez necesaria para seguir en marcha, contribuyendo así a la estabilidad económica de las pymes en Chile.








