El congreso de la FIFA, que tuvo lugar en Paraguay, se vio envuelto en una controversia significativa después de que Gianni Infantino, presidente del organismo, llegara con un retraso considerable. Este hecho desató una reacción de la UEFA, que lo acusó de priorizar «intereses políticos privados» en lugar de los asuntos del fútbol mundial. Infantino justificó su llegada tardía argumentando que había estado participando en discusiones cruciales con líderes mundiales en el Medio Oriente, lo que a su juicio era vital para representar adecuadamente al deporte rey en el escenario internacional.
El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, encabezó un boicot simultáneo en protesta por el comportamiento de Infantino, abandonando el congreso en señal de descontento. Junto a él, varias delegaciones europeas, incluida la presidenta de la Asociación de Fútbol de Inglaterra, Debbie Hewitt, se retiraron del evento, dejando visibles asientos vacíos en el Centro de Convenciones de Conmebol. Esta acción dejó en evidencia las crecientes tensiones entre la UEFA y la FIFA, resaltando la necesidad de un liderazgo que priorice el bienestar del fútbol por encima de agendas personales.
En un comunicado emitido tras el incidente, la UEFA subrayó la importancia del congreso de la FIFA como el evento anual donde se tratan los temas más relevantes del fútbol global. Manifestaron que los «cambios de última hora» en la agenda deberían ser considerados con mayor cuidado, ya que representan un desprecio a las naciones que viajaron desde diversas partes del mundo con la intención de participar de manera activa en este proceso. Según la UEFA, el cambio de horario evidentemente beneficiaba a intereses ajenos al fútbol, lo cual no debe permitirse.
La preocupación sobre la gobernanza del fútbol internacional fue expresada por la presidenta de la Asociación de Fútbol noruega, Lise Klaveness, quien enfatizó la necesidad de un congreso donde primara el diálogo profesional y el liderazgo claro. Klaveness enfatizó cómo este tipo de incidentes puede afectar negativamente la imagen y la integridad del fútbol internacional, añadiendo que el congreso es una plataforma crítica para abordar temas de suma importancia que afectan a todas las asociaciones miembros.
A pesar de las tensiones con la UEFA, el secretario general de la FIFA, Mattias Grafstrom, intentó calmar la situación al destacar las relaciones positivas que existen entre la FIFA y sus miembros europeos. Grafstrom señaló que Infantino tenía asuntos significativos que atender y que, a pesar del retraso, el congreso había sido satisfactorio. Sin embargo, la salida anticipada de varias delegaciones, incluida Concacaf, sugiere que hay un descontento creciente que podría impactar las dinámicas de poder y las discusiones futuras dentro del fútbol internacional.








