La monja brasileña Inah Canabarro Lucas, conocida como la persona más anciana del mundo, falleció a la edad de 116 años el pasado fin de semana en su residencia en Porto Alegre, Brasil. Nacida el 8 de junio de 1908 en el estado de Rio Grande do Sul, Inah se dedicó a la vida religiosa desde joven, convirtiéndose en monja católica a sus 20 años. Su familia reveló que, a pesar de su avanzada edad, nunca sufrió de enfermedades graves y que fue un testimonio de vida sana hasta el final, donde su cuerpo comenzó a «dejar de funcionar gradualmente». Su fallecimiento marca la pérdida de una figura venerada por muchos, cuya vida estuvo profundamente enraizada en la fe y el servicio a los demás.
Durante su vida, Inah Canabarro Lucas mantenía una celebración especial cada 8 de junio, donde disfrutaba de un pastel en forma del estadio de su querido Sport Club Internacional, un equipo de fútbol con sede en Porto Alegre. La hermana Inah era una apasionada del fútbol, y a menudo se la veía con la bufanda de su club en las celebraciones de su cumpleaños. Desde que el Sport Club Internacional se enteró de su fallecimiento, compartió su pesar a través de redes sociales, destacando la bondad y el amor que la monja tenía no solo por su comunidad, sino también por el equipo, reafirmando el profundo vínculo entre su vocación y su pasión por el deporte.
La hermana Inah fue bendecida por el Papa Francisco en 2018, un evento que celebró como una reafirmación de su fe. A lo largo de su vida, ella atribuyó su longevidad a su creencia en Dios, afirmando que «él [Dios] es el secreto de la vida». Su estilo de vida fue un ejemplo a seguir para muchos, marcado por la disciplina, la rutina y un enfoque positivo ante la vida. Aunque enfrentó dificultades de visión y audición en sus últimos años, su espíritu trabajador y sociable no se vio afectado, lo que dejó una huella profunda en quienes la rodeaban.
La hermana Rita Fernandes Barbosa, quien coordinaba el hogar religioso donde residía Inah, destacó que la monja disfrutó de buena salud hasta sus últimos días y no había necesitado ninguna intervención quirúrgica significativa, salvo una operación de cataratas a los 106 años. Según su familia, aunque su capacidad para oír y ver se había deteriorado, Inah mantenía una rutina constante, levantándose, comiendo, orando y durmiendo a la misma hora todos los días. Este tipo de disciplina se reconoció como una de las claves de su longevidad, junto con su carácter agradecido y su capacidad para recibir a los demás con amabilidad.
En enero de este año, Inah Canabarro Lucas fue anunciada como la persona más anciana del mundo tras el deceso de la japonesa Tomiko Itooka. A lo largo de su vida, su vocación religiosa la llevó a enseñar en diferentes escuelas, y sus compañeros la recordaron como una mujer que nunca se quejaba de su situación. La herencia que deja la hermana Inah es de una larga vida dedicada a la fe, la enseñanza y la comunidad, y su fallecimiento deja un vacío significativo tanto en su comunidad religiosa como entre todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerla. El título de la persona más anciana del mundo ahora pasará a Ethel Caterham, de 115 años, quien reside en Surrey, Inglaterra.








