El sector de la construcción en Chile opera en la actualidad a la mitad de su nivel prepandemia, pero las esperanzas de recuperación comienzan a gestarse con un aumento en la inversión en maquinaria y un impulso en la infraestructura. Ignacio Vila, gerente general de ICONSTRUYE, proyecta un panorama moderadamente positivo para 2026, centrando su atención en la posibilidad de que la recuperación se vislumbre desde marzo. Esta percepción optimista está influenciada por los recientes cambios políticos y por el compromiso de las nuevas autoridades hacia una reactivación económica que prioriza al sector construcción.
Uno de los factores clave para esta recuperación será el avance en el proceso de permisos, crucial para desbloquear proyectos estancados. Vila señala que la extensión de más de 50 mil permisos de edificación a punto de vencer es fundamental para evitar cuellos de botella en el sector, que podría obligar a muchos proyectos a reiniciar su tramitación municipal. Sin esta prórroga, el sector construcción podría sufrir una nueva paralización en un momento crítico, afectando así su crecimiento a corto plazo.
En cuanto a los sectores que muestran un mayor potencial de crecimiento, Vila menciona principalmente la minería, la energía y las obras públicas. De acuerdo con la Comisión de Bienes de Capital, se espera que la inversión se concentre en infraestructura y obras civiles relacionadas con estos rubros, particularmente en regiones como Antofagasta, Atacama, Coquimbo y la Región Metropolitana. Este enfoque es esencial para revitalizar la economía regional, que ha estado bajo presión en los últimos años debido a la caída en la actividad constructora.
A pesar de las señales de inversión, el panorama general sigue siendo complicado, como lo demuestra el cierre de la industria de la construcción en 2025, con solo 321 nuevas faenas iniciadas, lo que representa una caída del 3,9% respecto a 2024 y una drástica disminución del 55,5% en comparación con 2019. La ausencia de una recuperación sostenida en la edificación habitacional ha sido un factor crucial en este descenso, afectando significativamente a innumerables comunidades que dependen de este sector. El estancamiento en la construcción de viviendas, tanto en departamentos como en casas, ha sido particularmente evidente.
El contexto actual también refleja una tendencia hacia la digitalización y cambios en los modelos de negocio, lo que ha llevado a una reducción en la construcción de sucursales bancarias y centros comerciales. Este ajuste en la vivienda se ve agravado por un alto stock acumulado, cercano a 3,8 años, limitando así el inicio de nuevos proyectos. No obstante, se vislumbran señales trucadas que podrían señalar un punto de inflexión durante 2026, especialmente con un aumento del 16% en el monto transado en órdenes de compra, alcanzando cerca de US$4.200 millones, lo que sugiere un próximo incremento en la actividad.








