Según un informe reciente de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), el alarmante 74% de las enfermedades profesionales diagnosticadas por las mutuales se deben a problemas de salud mental. Esta cifra resalta una realidad preocupante, especialmente para las mujeres, quienes representan el 73% de esos diagnósticos. A medida que las dinámicas laborales continúan evolucionando, es crucial explorar cómo el entorno de trabajo impacta el bienestar emocional de los empleados. Las estadísticas no solo apuntan a una crisis personal, sino que también destacan la necesidad urgente de reformar la manera en que se organiza el trabajo en Chile.
La evidencia científica es clara al señalar que los riesgos psicosociales, aquellos derivados de las condiciones laborales que afectan la salud mental, el bienestar emocional y físico, son un factor crítico en el ambiente laboral. Las causas de estas enfermedades no se relacionan simplemente con accidentes o fallos mecánicos, sino que emergen de interacciones cotidianas: cargas de trabajo desmesuradas, relaciones interpersonales conflictivas y un liderazgo deficiente. De hecho, la reciente actualización del protocolo nacional para gestionar estos riesgos, introducido en 2022 con el Cuestionario de Evaluación del Ambiente Laboral – Salud Mental (CEAL-SM), es un paso en la dirección correcta, aunque aún queda mucho por hacer.
A pesar de que el CEAL-SM abarca varios niveles de análisis, el enfoque sigue siendo predominantemente individual. De las 12 dimensiones del cuestionario, la mitad se centra en la experiencia personal del trabajador, dejando de lado aspectos grupales, de liderazgo y organizacionales que son igualmente relevantes. Esta limitación reduce notablemente la capacidad para entender los factores subyacentes que contribuyen al malestar emocional en el trabajo. Por ejemplo, si se detecta un exceso de trabajo, se aconsejan capacitaciones o ajustes menores, sin considerar que las soluciones efectivas requieren una revisión integral de tareas y un fortalecimiento en las dinámicas de equipo.
El problema se vuelve más complejo al analizar los indicadores de salud ocupacional, que a menudo operan en diferentes niveles. Mientras que el estrés puede ser un fenómeno individual, otros indicadores como la rotación de personal, la reputación del empleador y las licencias médicas reflejan problemas organizacionales que no se pueden pasar por alto. Sin una perspectiva integrada, se corre el riesgo de perder la oportunidad de identificar cómo los problemas en un nivel pueden repercutir en otros, complicando aún más la búsqueda de soluciones efectivas.
Internacionalmente, la evidencia sugiere que los modelos multinivel son más efectivos para abordar la identificación, prevención y gestión de los riesgos psicosociales. Proporcionan información precisa sobre dónde y cómo se deben implementar las mejoras necesarias para proteger la salud mental de los trabajadores. Sin embargo, en Chile, la falta de estudios que validen sistemáticamente este enfoque sigue siendo un gran desafío. En un contexto donde la salud mental se ha consolidado como la principal causa de diagnósticos laborales, la urgencia de avanzar hacia un modelo que refleje la complejidad de las organizaciones resulta crítica para mejorar el bienestar de los empleados.








