Seguros en Chile: la clave para una vida más segura y responsable

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Cada día, miles de chilenos se preparan para enfrentar un nuevo desafío laboral. Desde conductores que recorren las extensas autopistas, hasta emprendedores que abren las puertas de sus negocios en el corazón de las ciudades, la rutina diaria en Chile es una mezcla de esfuerzo y riesgo. Este último, inherente a la vida urbana y a la interacción constante con un entorno natural que puede ser implacable, hace que la necesidad de contar con un seguro se vuelva fundamental, no solo para la protección individual, sino también como un acto de responsabilidad social. Protegerse a uno mismo implica, de cierta forma, proteger a los demás en una sociedad donde la colaboración y el apoyo mutuo son esenciales para el bienestar colectivo.

La educación financiera, en este contexto, se convierte en una herramienta poderosa para desgajar mitos y brindar claridad sobre el valor de los seguros. Al comprender cómo funcionan las pólizas, incluidos sus términos y condiciones, las personas pueden tomar decisiones más informadas y responsables. Sin embargo, el dilema radica en que muchos ciudadanos asocian la adquisición de un seguro únicamente con un gasto más que con una inversión en seguridad. En este sentido, es crucial inspirar un cambio en esta percepción, convirtiendo la compra de seguros en una prioridad. El mero hecho de entender que los imprevistos pueden impactar negativamente en la estabilidad económica de una familia o una pyme es fundamental para fomentar una cultura de previsión.

Las cifras son reveladoras: un estudio de Fundación MAPFRE muestra que casi la mitad de los encuestados ha violado límites de velocidad en áreas urbanas y en autopistas. Este dato no solo revela hábitos de conducción peligrosos, sino que también refleja una cultura que a menudo subestima la importancia de la prevención. La seguridad vial y la educación sobre seguros están íntimamente conectadas al concepto de anticipación frente a los riesgos. Tener un seguro, en este contexto, es pensarlo como un resguardo frente a lo desconocido, que puede causar estragos en la vida de cualquier persona ante una eventualidad desafortunada.

Es importante señalar que los seguros no se limitan únicamente a la protección de vehículos. Existen numerosas pólizas destinadas a resguardar hogares, condominios, edificios y negocios que juegan un papel crucial en la economía del país. La historia reciente de Chile demuestra que aquellos que cuentan con un seguro son los que logran recuperarse más rápidamente de desastres naturales o incidentes. Por ejemplo, tras el devastador terremoto y maremoto de 2010, el sector asegurador ayudó a reconstruir miles de viviendas y desembolsó más de 7.000 millones de dólares en indemnizaciones. En contraste, los incendios en Viña del Mar en 2024 evidenciaron que menos del 10% de las viviendas afectadas contaba con protección aseguradora, dejando a muchas familias vulnerables ante la catástrofe.

Finalmente, tenemos que reconocer que la responsabilidad del cuidado ante los riesgos no recae únicamente en las instituciones estatales, sino que debe ser un compromiso compartido por toda la sociedad. Al adquirir un seguro, se participa en una red solidaria donde la colaboración de muchos permite la protección de pocos frente a pérdidas significativas. Esa es la esencia del verdadero significado de asegurarse: no solo es proteger lo que se tiene, sino garantizar la seguridad de quienes nos rodean. De esta manera, se construyen comunidades más resilientes y concientes de su entorno, lo que es sin duda un paso hacia un país que se anticipa y responde efectivamente a los riesgos.