En un hito histórico, Chile instauró hace más de diez años los sellos negros en los alimentos, marcando un avance significativo en la transparencia y la información para el consumidor. Esta política pública ha permitido a las personas realizar elecciones más informadas sobre lo que consumen, fomentando así el derecho a una elección libre. Sin embargo, surge una nueva interrogante: ¿no deberían también los servicios profesionales y técnicos adoptar similares sellos que evidencien su calidad y prácticas laborales? Este cuestionamiento se presenta en un contexto donde muchos consumidores suelen basar su elección de proveedores en la reputación de la marca, llegando a asociarla erróneamente con estatus o calidad.
En la actualidad, vivimos una dualidad en la percepción de los servicios: por un lado están los sellos negativos, que reflejan ambientes laborales tóxicos y caudillos que obstaculizan la meritocracia; y por el otro, los sellos positivos, que representan experiencias satisfactorias de clientes y empleados, así como una verdadera contribución a la comunidad. Este fenómeno es palpablemente visible en el ámbito de la auditoría, donde las empresas líderes como BDO, EY, PwC, DTTL y KPMG son vistas como el camino predefinido para la carrera profesional. A pesar de mis años de experiencia en dos de estas firmas, pienso que es esencial que estas instituciones comiencen a validar sus propios sellos.
Actualmente, estoy vinculado a una firma que sigue estándares europeos y un enfoque claro hacia el logro, pero con un fuerte compromiso hacia el trabajo decente, en consonancia con el ODS 8. Este nuevo enfoque debería ser un modelo a seguir para otras entidades del sector. Hemos escuchado discursos que fomentan la idea de que ninguna institución se preocupa por su personal; no obstante, es necesario transformar esta narrativa hacia una más positiva, donde todos nos cuidamos, se trate a cada individuo con dignidad y se eviten prejuicios. Sin embargo, muchas empresas aún carecen de sistemas que permitan medir sus servicios de manera efectiva, lo que genera un vacío que los consumidores deben entender.
Es imperativo que quienes deciden contratar servicios profesionales comprendan qué hay detrás de una marca, quiénes son las personas involucradas, qué opinan académicos sobre su trabajo y cuál ha sido la trayectoria de sus líderes. Con frecuencia, la percepción de calidad se reduce a no ser el peor, pero para ser realmente los mejores es necesario acompañar a las personas, manejar las críticas con transparencia y demostrar que el propósito es hacer el bien de manera efectiva. Si se implementara una legislación que promoviera sellos negros y verdes para los servicios, similar a estándares internacionales como SASB, se podría ilustrar de manera clara el impacto social y las contribuciones que se realizan a la comunidad.
Este proceso de auditoría independiente, alineado con la norma NTA 3000(R), garantizaría que los sellos tuvieran un respaldo técnico robusto y no fuesen simples distinciones sin fundamento. Se vislumbra un futuro donde las nuevas generaciones optarán por entidades que prioricen la salud de su comunidad y generen verdaderos cambios positivos, valorando el mérito por encima de la herencia. Como lo expresó mi padre, la meta no es simplemente no ser el peor; el objetivo es ser auténtico y contribuir al bien común, así como hacer las cosas correctamente.








