Valor del Patrimonio Inmobiliario: Oportunidades Ocultas en Chile

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En el contexto actual del mercado inmobiliario chileno, es fundamental ampliar el enfoque de discusión más allá de los problemas tradicionales que gravitan sobre el sector, como el déficit habitacional, la escasez de suelo y el encarecimiento de la construcción. Según Juan Enrique González, socio fundador de Valor Raíz y arquitecto, existe una dimensión crucial que debe ser considerada: el reconocimiento del valor intrínseco de la infraestructura ya construida. En un país donde las ciudades crecen a un ritmo acelerado, el modelo de desarrollo urbano basado en la expansión enfrenta límites evidentes. Cada vez es más claro que el suelo urbano se vuelve más escaso y las inversiones en nueva infraestructura se encarecen, lo que obliga a repensar cómo utilizamos los recursos existentes.

González subraya que, en lugar de preguntarnos cuánto podemos construir, deberíamos centrarnos en cuánto podemos recuperar, adaptar y potenciar del patrimonio inmobiliario que ya posee Chile. A través de los años, un gran número de edificaciones han quedado subutilizadas o desactualizadas debido a cambios en la normativa, uso o demanda. Estas propiedades no solo representan un desafío, sino también una importante oportunidad de valorización si se analiza más allá de su precio de mercado. La diferencia entre precio y valor se convierte en un eje central en esta discusión, enfatizando que el primero es un reflejo momentáneo de la oferta y la demanda, mientras que el segundo engloba factores como la ubicación, la infraestructura y las posibilidades de reconversión.

Un enfoque renovado en la identificación del valor de los activos existentes puede abrir la puerta a proyectos innovadores. Por ejemplo, un viejo edificio de oficinas no tiene por qué ser demolido; puede transformarse en viviendas accesibles, mejorando así la oferta de alojamiento en entornos urbanos. Asimismo, propiedades industriales pueden ser adaptadas para uso logístico o comercial, generando una nueva vida a edificaciones que de otro modo quedarían obsoletas. Este proceso no solo tiene implicaciones económicas, sino que también responde a un imperativo ambiental: reutilizar y rehabilitar en lugar de demoler y construir de nuevo, permite conservar los recursos naturales y reducir la huella de carbono asociada al desarrollo urbano.

La clave de esta transformación radica en la capacidad de los propietarios, inversionistas y autoridades para visualizar el potencial oculto en estas estructuras. Lo que a primera vista puede parecer patrimonio obsoleto, en manos de quienes saben identificar su verdadero valor, puede convertirse en un motor de regeneración urbana. González destaca que este enfoque no desacredita la necesidad de nuevos desarrollos en áreas donde la demanda lo requiere, sino que aboga por una gestión más inteligente y equilibrada del inmenso patrimonio que ya poseemos. En la búsqueda de soluciones para el déficit habitacional, este rediseño de la narrativa hacia la valorización del patrimonio existente se convierte en un aspecto crucial.

Finalmente, González resalta que, a medida que los recursos se vuelven más limitados, la identificación del valor de los activos en propiedad no es solo una intervención técnica, sino una necesidad estratégica para el futuro del sector inmobiliario chileno. La próxima gran oportunidad podría estar no en los lotes disponibles para urbanización, sino en la capacidad de descubrir y gestionar el capital oculto en las ciudades que ya hemos construido. Así, la clave para un desarrollo sostenible y eficiente reside no en la cantidad de nuevos proyectos, sino en la inteligencia para aprovechar lo que ya tenemos, en un giro hacia la sostenibilidad y el aprovechamiento responsable de los recursos.