Brecha salarial de género en Chile: ¿Por qué persiste esta desigualdad?

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La brecha salarial entre hombres y mujeres en Chile continúa siendo uno de los principales obstáculos para alcanzar una mayor equidad de género en el entorno laboral. Según un informe reciente de T13, a pesar de que en los últimos años se han registrado ligeras mejoras en esta área, Chile aún se posiciona como el país con la mayor diferencia salarial de la región. Datos recopilados por Laborum, la plataforma de empleo líder en Latinoamérica, indican que en promedio, los hombres solicitan $1.167.954 mensuales, mientras las mujeres apenas alcanzan un promedio de $1.047.695 al postular a un trabajo, marcando una diferencia de alrededor de $120.000 mensuales, lo que equivale a una brecha salarial del 11,5%. Aunque esta cifra muestra una leve disminución comparado con años anteriores, sigue siendo un recordatorio de los desafíos persistentes que enfrenta el mercado laboral chileno en términos de equidad de género.

El informe de Laborum también revela que la brecha salarial se presenta en varios sectores del mercado laboral chileno, incluso en aquellos con alta participación femenina. Los sectores más afectados incluyen el comercio, con una desventaja del 51,4%, y el de ventas y negocios, donde la brecha salarial alcanza un alarmante 56%. En el ámbito de la ingeniería se reporta una brecha del 10,8%. Esta situación subraya la necesidad de abordar no solo la desigualdad salarial, sino también la inclusión laboral en campos donde la representación femenina es escasa, como en el sector tecnológico, donde solo el 14,3% de los trabajadores son mujeres. Esta disparidad no solo limita las oportunidades laborales para las mujeres, sino que también perpetúa estereotipos de género en la sociedad.

Un factor crucial que perpetúa la brecha salarial es la distribución desproporcionada de las tareas del hogar y el cuidado, donde las mujeres representan el 85% de quienes dedican más horas a estas actividades, lo que afecta su continuidad y desarrollo en el ámbito laboral. Además, el estudio revela que la representación de mujeres en roles de liderazgo es notablemente baja, especialmente a partir de los 30 años, cuando los hombres comienzan a ganar un 26,7% más en comparación con sus contrapartes femeninas. Esta diferencia se amplía hasta un 42,3% en el grupo de mayores de 45 años, lo que representa un golpe significativo a la equidad y el acceso a oportunidades profesionales para las mujeres, además de tener un impacto negativo en su seguridad financiera a largo plazo.

Las repercusiones de la desigualdad salarial de género en Chile son severas, ya que determinan la autonomía económica de las mujeres y su capacidad para crecer en el ámbito profesional. Las mujeres que enfrentan una brecha salarial son más propensas a acumular menores ingresos a lo largo de su vida, lo que se traduce en un menor acceso a posiciones de liderazgo y, en consecuencia, a una mayor vulnerabilidad en su vejez. Sin embargo, el informe de Laborum también muestra una tendencia positiva: en 2024, la participación femenina en el mercado laboral aumentó en casi todos los grupos etarios, lo que indica un avance hacia una mayor inclusión. A pesar de este progreso, el camino para cerrar la brecha salarial sigue siendo largo y lleno de desafíos en el contexto laboral chileno para el año 2026.

Para abordar esta problemática, se han lanzado iniciativas como la plataforma «NiMásNiMenos», impulsada por la Universidad de Talca y la Universidad Adolfo Ibáñez, con el apoyo de diversas organizaciones y entidades. Esta propuesta busca sensibilizar a la población sobre la brecha salarial de género y promover un cambio cultural necesario para lograr una verdadera equidad en el mercado laboral. La colaboración entre instituciones y el impulso de políticas públicas que favorezcan la igualdad salarial son clave para avanzar hacia un futuro donde la remuneración no dependa del género del trabajador, sino de su talento y capacidad. En este sentido, es fundamental que tanto el sector público como el privado se comprometan a adoptar prácticas más justas que contribuyan a cerrar la brecha y a fomentar una cultura de igualdad en el ámbito laboral.