El dólar cerró la sesión del lunes en Chile con un notable incremento, alcanzando un valor aproximado de $883, lo que representa un avance de $10,2 respecto al cierre previo y un aumento del 1,18%. Este comportamiento se da en un contexto global donde ha disminuido drásticamente el apetito por el riesgo, frente a una serie de acontecimientos internacionales que han impactado los mercados. En particular, la escalada del conflicto en Medio Oriente, incluyendo ataques de fuerzas estadounidenses que resultaron en la muerte de un líder supremo de Irán, desató una serie de represalias que alteraron la estabilidad de la región, provocando una fuerte alza en los precios del petróleo y una mayor demanda por activos considerados refugio en momentos de incertidumbre.
A nivel global, el Dollar Index (DXY) experimentó un incremento cercano al 1%, situándose en 98,3 puntos, lo que consolidó la fortaleza del billete verde frente a otras monedas. Este fortalecimiento refleja un cambio drástico en las dinámicas de inversión, donde los inversores, ante un clima de inestabilidad, tienden a refugiarse en el dólar, considerado un ‘safe haven’. Tal aumento en la cotización del dólar ha generado una presión adicional sobre el peso chileno, que ha sufrido una caída significativa en medio de estas fluctuaciones del mercado.
El contexto local también ha contribuido a esta presión alcista del dólar. La reciente caída del cobre, un insumo fundamental para la economía chilena, ha registrado un descenso del 1,83%, situándose en US$5,95 la libra en el Comex. Esta disminución es atribuible tanto al fortalecimiento del dólar como a crecientes temores sobre un menor crecimiento económico global, que podría repercutir negativamente en la demanda manufacturera. Este escenario se suma a la debilidad del peso chileno, que ya enfrentaba desafíos debido a la fluctuación del cobre en los mercados internacionales.
En este contexto de crisis e incertidumbre, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) publicó el IMACEC de enero, que mostró una contracción interanual, sorprendiendo negativamente a los analistas y generando preocupación sobre la dirección de la economía chilena. Un inicio de año más débil tiende a deteriorar las proyecciones de crecimiento para 2026, lo que, a su vez, reduce el atractivo de los activos en pesos. Este cambio en las expectativas ha llevado a los inversores a aumentar su demanda por dólares como una forma de cobertura ante un posible deterioro en el clima económico.
En resumen, la reciente alza del dólar en Chile se debe a una compleja interacción de factores tanto externos como internos. La fortaleza del billete verde a nivel global y la caída de los precios del cobre, junto con señales de un menor dinamismo económico local, han configurado un marco de elevada presión para el tipo de cambio. La situación resalta la vulnerabilidad del peso chileno ante acontecimientos globales y subraya la necesidad de estrategias que mitiguen el impacto de la volatilidad en los mercados internacionales.








