Según los resultados de la Encuesta Casen 2024, 600 mil personas han salido de la pobreza en Chile, una cifra que, sin duda, representa un avance significativo en la lucha contra la desigualdad. Este logro ha sido posible, en gran parte, gracias a un sistema de subsidios que actualmente constituye el 69% de los ingresos del decil más vulnerable. Sin embargo, a pesar de esta mejora inmediata en las condiciones de vida, el verdadero desafío radica en convertir este alivio temporal en una autonomía económica sostenible. La estabilidad que ofrecen los subsidios es solo un primer paso; es esencial que las familias empiecen a construir un proyecto de vida que les permita salir del ciclo de dependencia.
El impacto de estos subsidios es notable, pero no suficiente para garantizar un futuro próspero a largo plazo. La educación y la formación laboral se presentan como pilares fundamentales para lograr esta transición. Los datos son claros: los trabajadores calificados tienen la oportunidad de ganar el doble de ingresos por hora en comparación con aquellos que no poseen las habilidades necesarias, lo que resalta la importancia de una capacitación adecuada. Chile se encuentra en una situación crítica, ocupando el penúltimo lugar en la OCDE en cuanto a las competencias de su población adulta. Esto no solo limita las oportunidades individuales, sino también el crecimiento económico del país en su conjunto.
Además de la formación laboral, se necesita una estrategia proactiva frente a la inminente automatización que pone en riesgo a 750.000 trabajadores. La empleabilidad debe ser un objetivo central del desarrollo político y económico del país. Para abordar esta problemática, es fundamental implementar programas de capacitación que respondan a las demandas del mercado laboral actual. La inversión en formación debe aumentar, tanto en términos de cantidad como de alcance, creando ecosistemas que fomenten iniciativas colaborativas entre diferentes sectores. Este enfoque es vital para construir un sistema que esté estructuralmente preparado para generar el talento que las industrias chilenos requieren.
En este contexto, actores intermedios como la Corporación de Capacitación de la Construcción desempeñan un papel crucial. Su capacidad para articular iniciativas y diagnosticar las necesidades específicas de cada industria y región puede marcar una diferencia significativa. Es fundamental establecer mecanismos de conexión entre distintos actores, promoviendo el diálogo y la innovación social. Soluciones rápidas y claras que atiendan los desafíos priorizados serán esenciales para crear un entorno laboral más resiliente y con mayor capacidad de respuesta ante los cambios del mercado.
Con el inicio de un nuevo ciclo político en 2026, Chile enfrenta una oportunidad única para consolidar un modelo de desarrollo que priorice el talento y la formación adecuada. Juntos, el Estado y el sector privado deben unirse para transformar la capacitación en una herramienta estratégica que apoye la superación de la pobreza. Solo así se podrá garantizar que la seguridad proporcionada por los subsidios de hoy se convierta en la libertad que brinda el trabajo y el desarrollo de competencias en el futuro.








