En medio de un clima económico preocupante, los precios han comenzado a subir de manera alarmante, desencadenando un debate intenso sobre la utilización de la Unidad de Fomento (UF) en los créditos hipotecarios. La UF, actualmente, se ha convertido en un blanco de críticas, con muchos agentes económicos señalando a esta unidad de cuenta como la culpable de la situación. Ante propuestas de proyectos de ley en el Congreso que buscan eliminar su uso en diversas áreas como la educación y la salud, surge la duda sobre las consecuencias de esta medida en el ámbito de los créditos hipotecarios, una herramienta fundamental para la compra de vivienda en Chile.
La UF se define como una unidad de cuenta que permite expresar los precios de bienes y servicios, ajustándose mensualmente con la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Este mecanismo busca proteger el valor de contratos de largo plazo, como los hipotecarios, que pueden extenderse por décadas. Sin embargo, la eliminación del uso de la UF podría provocar un traslado de riesgos hacia los futuros deudores. Sin un sistema estandarizado como el que ofrece la UF, cada entidad financiera tendría que establecer sus propias estimaciones de riesgo, lo que inevitablemente resultaría en costos más altos para quienes soliciten créditos.
Los bancos, al no contar con la UF como una guía clara, se verían obligados a adoptar tasas de interés más altas para compensar la incertidumbre relacionada con la inflación futura. Este aumento en el costo del dinero afectaría directamente a los deudores, quienes tendrían que hacer frente a tasas nominales elevadas y períodos de pago más cortos. La preocupación es clara: si antes los plazos para el pago de un crédito hipotecario podían extenderse hasta 30 años, con la eliminación de la UF, este plazo podría reducirse drásticamente, cerrando las puertas del mercado inmobiliario a muchas familias, especialmente a aquellas de ingresos medios que buscan acceder a su primera casa.
Con el actual déficit habitacional en Chile y los altos precios de la tierra, la situación se agrava para quienes desean adquirir una vivienda. La posible eliminación de la UF no solo encarecería los créditos, sino que también podría disuadir a un segmento importante de la población de participar en el mercado hipotecario. Estaríamos frente a un panorama donde los jóvenes se vieran obligados a renunciar a sus aspiraciones de tener un hogar propio, afectando así su bienestar a largo plazo. En este contexto, el sector construcción, que podría ser un motor para reactivar la economía nacional, se vería en riesgo de estancamiento.
Finalmente, es crucial abordar el problema de la inflación y su impacto en las finanzas familiares. A medida que los precios aumentan, los dividendos en UF también lo hacen, y los salarios no siempre crecen a un ritmo acorde. Esta situación resalta la necesidad de ofrecer mejor información y educación financiera a los deudores. Los ciudadanos deben estar equipados con herramientas que les permitan tomar decisiones informadas sobre sus financiamientos y entender completamente las implicaciones de las modalidades de crédito existentes. La búsqueda de soluciones que equilibren la necesidad de créditos accesibles con la realidades inflacionarias es más pertinente que nunca.








